lunes, 4 de julio de 2011

EL NÚMERO DE DUNBAR

En el año 1992 el antropólogo Robin Dunbar decidió responder una de las preguntas más buscadas por los expertos en primatología: ¿Cuál es el límite cognitivo de relaciones sociales estables que un ser humano puede mantener?. La respuesta, según Dunbar, sería 150. Número que no sólo parecería ser el límite de relaciones estables que una persona puede mantener. Sino que además podría indicar el límite de personas que pueden llegar a formar un grupo orgánico estable sin una estructura de autoridad piramidal. En palabras del mismo Dunbar:

…Existe un limite cognitivo al número de individuos con los cuales una persona puede mantener relaciones estables, así también éste limite es una función directa relativa al tamaño de la neocorteza, y esto en efecto limita el tamaño del mismo grupo [a formarse]

La base de la teoría

Dunbar partiría realizando un censo del tamaño promedio de grupos en 36 géneros de primates. Información que correlacionaría con el tamaño de su neocorteza. Con esta información crearía una ecuación de regresión con la cual podría predecir como ambas variables -tamaño del grupo con respecto al tamaño del cerebro- se corresponden entre si. Relacionando esta información al ser humano, deduciría que 147,8 es el número promedio de relaciones sociales estables en un ser humano. Dunbar tomaría este número como exploratorio ya que era consciente del margen de error en la ecuación. Sin embargo, prontamente descubriría que su ecuación no estaba tan errada.

150, un límite muy humano

Posteriormente, Dunbar comenzó a comparar su predicción con grupos de humanos observables en distintos períodos y culturas. Su estudio, tomaría como base de partida la evolución de la neocorteza humana durante el Pleistoceno. Una vez definido el punto de partida recopilaría información arqueológica y etnográfica con información sobre la estructura social de sociedades en el Pleistoceno. Así iría armando una especie de censo promedio de dichas grupos, concluyendo que éstos se dividían en tres categorías. Pequeños (30 a 50 individuos) medianos (100 a 200) y grandes (500 a 2500).

Llamativamente, durante su investigación en profundidad de los grupos a lo largo de la historia y las distintas culturas, notaría una relación aproximada con el número descubierto en su primer etapa. 150 habitantes era el promedio de habitantes de un poblado neolítico; 150 a 200 era el número de académicos en una sub-especialización de una disciplina; y 150 hombres era la cantidad de soldados encontrados en una unidad promedio desde la Antigua Roma hasta el siglo 16. Más importante aun, si la unidad necesitaba ser más grande, esta debía ser fragmentada en grupos “manejables” que siempre rondaban los 150 hombres.

A este punto Dunbar basaría su estudio enteramente a partir del número 150 como la cantidad máxima promedio que, a nivel cognitivo, formaban el número de relaciones sociales estables que un ser humano podía mantener. Este número, a su vez, estaba directamente relacionado al tamaño de la neocorteza. De hecho, su observación más importante radicó en el que un grupo de 150 personas poseían un incentivo de supervivencia muy grande para permanecer juntas. A su vez, elabora Dunbar, esa unidad, que resulta ser evolutivamente provechosa, sólo podía ser mantenida si el grupo de personas pasaban un 42% de su tiempo socializando -de hecho, Dunbar teoriza que el lenguaje es principalmente desarrollado para limitar esa cantidad de tiempo-.

Es importante notar que el número 150 hace referencia a grupos orgánicos de personas. En efecto, establece que para mantener grupos más grandes es necesario establecer una estructura organizacional centralizada y figuras de autoridad piramidal. 150 personas, no obstante, pueden formar un grupo cohesivo sin la necesidad de una estructura piramidal de organización y mando.

A partir de esto, el “Número de Dunbar” comenzó a ser estudiado como “tópico caliente” por antropólogos de todo el mundo. No pasaría mucho tiempo hasta que el mismo comenzara a aplicarse en teorías y aplicaciones del marketing; e incluso para estudiar grupos de personas en mundos virtuales como el World of Warcraft.

Fuente: www.anfrix.com

3 comentarios:

Aka dijo...

Interesante entrada. El número es desorbitado, 150! No por imposible de relacionarse con 150 personas, sino por el tiempo que implica de dedicarse a esta tarea: 45%. Afortunado el que disponga de tanto tiempo para las relaciones sociales!!

emiliano dijo...

interesante texto.
esto acaso podría explicar el hecho de que cuando el número de "amigos" en facebook supera ampliamente esa cifra, muchas de esas personas en realidad no forman parte de nuestros círculos sociales más frecuentes.
de hecho, en muchos casos se trata de amigos de amigos, o personas apenas conocidas que tal vez no hemos visto más de una vez en nuestra vida.

saludos.

Kina dijo...

No se trata de tener una relación social con 150 personas, bastan que sean conocidos... A mí me ha ocurrido de conocer a alguien que a su vez conocía a una persona que yo conocía, y pensar, lo típico, el mundo es un pañuelo!! Son esas extrañas y a su vez casi mágicas casualidades... Estamos más conectados de lo que nos imaginamos!!
Saludos y un abrazo

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